Tres rotundas notas sobre el Café de Nariño

Por: Arturo Obando.

Es un café artesanal con alto reconocimiento y demanda en el mundo y el país, cultivado, cosechado, beneficiado, trillado, tostado y molido por los propios campesinos especialmente asociados para producir un café de alta calidad o un café especial de origen. Solo en Nariño no se reconoce, es decir no se demanda, salvo en minoritarios círculos de apreciadores. Una abrumadora mayoría de nariñenses piensa todavía que el café hace daño.

El café de alta calidad o especial, no hace daño. Es más bien una bebida espirituosa que despierta el ánimo. Solo basta visitar un territorio cafetero en cualesquiera de los más de cuarenta municipios productores y dejarse llevar por el olor que desprende el café al tostarse, la fragancia que ofrece al molerlo, el aroma al prepararlo y la sensación cítrica, afrutada, dulce y demás notas que quedan en el paladar después de tomarlo, para darse cuenta de que la singularidad del café de Nariño, razón del aprecio que por él tienen catadores del mundo.

Con relación a los cafeteros de Nariño, se necesita más acciones y menos palabras. Acciones orientadas a mantener la competitividad del café de Nariño, en el entorno nacional y en el internacional; a la sostenibilidad de la producción de cafés de alta calidad y cafés especiales orientada especialmente a la sofisticación de la demanda interna, al fortalecimiento de la cultura del café. No podemos seguir quejándonos de que producimos el café más suave del mundo pero que consumimos la basura. Es preciso que los nariñenses, nos enorgullezcamos de consumir nuestro propio café.

Valgan estas tres notas como un pretexto para inaugurar conversaciones permanentes sobre nuestro café: en la empresa, en el hogar, en la escuela y el colegio, en la universidad o inaugurar conversaciones de paz y reconciliación entre nariñenses alrededor de una taza de café de Nariño. No hay problema que una buena taza de café no arregle.

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